Hace rato que la escuchamos, leemos y vemos con particular atención.
Siempre estuvimos en sintonía con su mirada, porque su
trabajo se acercaba a nuestras habituales inquietudes, desde otro campo
disciplinar.
Pasaron por nuestro taller, y están esos registros en
nuestro canal de You Tube, otros cineastas que con su trabajo también iluminan
nuestra búsqueda: Mariano Llinas, el gran ficcionador de vacíos, que tanto
admiramos, y Ulises de la Orden, y sus fundamentales registros que parecen
decirnos que en esas películas, Rio Arriba o Tierra Adentro para destacar un
par, parece estar a la vista el gran conflicto fundante de nuestra Nación, que
nadie se anima a abordar .
Pero tal vez sea ella quien resuma y potencie esos dos
abordajes y que, con la reciente Nuestra Tierra, nos motive a volver
ineludiblemente a ella, esta vez reconociendo en este trabajo un camino a
seguir con nuestro proyecto: tomarse el tiempo de estudio y trabajo necesario
para construir un documento, y luego salir con él a participar activamente en
la conversación pública.
Eso es lo que vimos a partir de la presentación del
inexorable registro que es la película, sumado a una serie de entrevistas dadas
tras el estreno, donde Lucrecia sale a poner a la vista para quien quiera
escucharla (sobre todo algunos dirigentes que debieran haber recibido el
impacto) la importancia de reconocer el origen de los conflictos, allí donde se
decide la configuración de los mapas de pertenencia, de la legalidad de domino
y administración del suelo, y quienes se sientan o se excluyen de las mesas
donde esos mapas se dibujan.
Lo que ella registra en la Salta originaria, impacta años después
en el conurbano contemporáneo, y es tal la sencillez con que se lo explica a
Pedro Rosemblat y los otros interlocutores que intentan seguirla por esos días,
que se nos ha vuelto imprescindible, aunque sea simbólicamente, darle un lugar
de relevancia en nuestro proyecto académico.
Hemos nombrado a Lucrecia Martel, Profesora Titular
Honoraria del Taller Nación, y así la hemos inscripto en las planillas que
cada inicio de ciclo académico debemos presentar a la facultad para la
asignación de cargos.
Para nosotros este pequeño gesto simbólico llevado a la
formalidad burocrática, representa la reafirmación sobre las ideas y la mirada que
venimos sosteniendo, la convicción real de que las incumbencias del Proyecto de
Arquitectura deben ampliarse y volverse multidisciplinares, y finalmente, por
fin, tener después de muchos años en la Facultad una Profesora Titular mujer en
los 28 talleres de Arquitectura a cargo de varones.
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